7 de Octubre de 2010¿Qué es el parametricismo?
27 de Septiembre de 2010Parametricismo como estilo – Manifiesto Parametricista
15 de Julio de 2010La muerte de la Starchitecture
Publicado originalmente en: Newsweek: The Death of Starchitecture, 11 de Junio de 2010
Autor: Cathleen McGuigan
Traducción: Pablo Álvarez Funes
-o0o-o0o-o0o-o0o-
El edificio trofeo está en decadencia. Bienvenidos a la era del diseño a dieta.
En “El efecto Bilbao”, una pequeña sátira estrenada en Broadway en Nueva York esta primavera, un arquitecto de reconocido prestigio mundial llamado Erhard Shlaminger se ve envuelto en un escándalo cuando su diseño para un edificio salvajemente rompedor supuestamente conduce a una mujer al suicidio. Shlaminger, con su extravagante pañuelo azul y su acento pretencioso, es la parodia del arquitecto-estrella. En la mejor escena se saca al escenario una maqueta del ofensivo edificio: un amasijo de metal y plástico de ángulos punzantes que uno de los personajes compara con “una tostadora con esteroides”. Pero en la comedia, como en la vida real, la oportunidad es lo que prima. La tendencia que retrata la obra, denominada “el efecto Bilbao” después del gran éxito de Frank Gehry con el Museo Guggenheim de Bilbao en 1997, está en decadencia. El fenómeno del uso de la arquitectura icónica para promocionar una ciudad, una institución o una promoción inmobiliaria fue producto de la bonanza económica iniciada a finales de la década de 1990 y que terminó con la recesión de 2008.
9 de Julio de 2010Introducción a la tratadística clásica (y III): El Neoclasicismo
La Ilustración es un movimiento que pretende salir de la crisis del Barroco a partir de un sistema de pensamiento basado en la razón, y está directamente relacionado con la aparición de las academias en Francia. Las Academias eran instituciones fundadas por la Corona para fomentar la difusión del saber, así como la investigación, la innovación. Desde la Querella entre los antiguos y modernos se hacía patente la necesidad por parte de los ilustrados de una revisión filológica del texto de Vitruvio para redefinir en nuevos términos más actualizados los conceptos de clasicidad y belleza. Pero además de una correcta traducción era necesaria una nueva recapitulación de los restos de la antigüedad, ésta última fomentada por la perfección en las técnicas de representación y el grabado. Y esta nueva recapitulación encontrará su fundamento teórico en la obra de Winckelmann (1717 – 1768), padre de la arqueología moderna y de la teoría de la estética. En sus escritos define de manera objetiva y rigurosa el concepto de belleza clásica en arte, que se convertirán en la referencia de la teoría artística del Neoclasicismo. En España, tenemos un magnífico ejemplo en la labor del Padre José Ortiz y Sanz, quien en 1787 realiza una magnífica e insuperable traducción al español de Vitruvio, ilustrándolo con grabados basados en una rigurosa observación directa.
Si Winckelmann es el fundador de la teoría estética moderna, será el abad Marc-Antoine Laugier (1713-1769) quien inicie la tratadística arquitectónica contemporánea. Si hasta el momento la tratadística centró sus planteamientos en el estudio de los órdenes arquitectónicos, y sus correspondientes proporciones, como la base de un entendimiento por que la arquitectura era considerada capaz de mostrar los principios de la armonía del universo, Laugier tuvo como objetivo el devolver a los órdenes su carácter funcional, llegando a establecer una visión de la arquitectura que, a través de la racionalidad constructiva, se definía mediante su estructura espacial. Esta interpretación de la arquitectura a partir de la racionalidad constructiva se realiza a partir de la visualización filosófica de la cabaña primigenia, inicio teórico de la arquitectura.

El Ensayo propone una arquitectura libre de muros, donde la columna y el arquitrabe sean los elementos definitorios de la estructura del edificio. Las pretensiones de Laugier eran eliminar la “arquitectura en relieve” propia del Barroco y Rococó, pero no eliminar ni los muros ni los órdenes clásicos. El orden debe depurarse y emplearse racionalmente, no tanto exclusivamente según los principios de Vitruvio sino apelando a una racionalidad ornamental basada en una exhaustiva comparación de detalles según los diferentes tratadistas y la observación directa tanto de las ruinas de la Antigüedad como de los edificios modernos, pues en el siglo XVIII el lenguaje clásico estaba lo suficientemente asentado como para tomar de referencia algunas grandes obras del renacimiento y barroco.
Junto con Laugier, otro de los grandes tratadistas del Neoclasicismo es Jean Nicolas Louis Durand (1760-1835), quien entre 1802 y 1805 publica su Compendio de lecciones de arquitectura, fruto de sus enseñanzas en la Escuela Politécnica. Han pasado casi cincuenta años desde el tratado de Laugier, y el mundo había cambiado muchísimo; el largo proceso de la Revolución Francesa abolió los privilegios hereditarios de la nobleza e instauró la era de la burguesía. En esta nueva era, las Academias dependientes de la corona desaparecieron para dar paso a los Institutos y Escuelas Politécnicas, donde se esperaba dejar atrás los rigores e inflexibilidades propias de las Academias y dar paso a un nuevo periodo de educación e investigación. El método de Durand es una adaptación técnica de las teorías de Laugier. En los cincuenta años que distan entre una y otra obra se realizaron grandes avances en la construcción tradicional, que permitieron un conocimiento de los materiales y una optimización de su empleo. Estos avances eran exactamente los que necesitaban las teorías revolucionarias para ser aplicadas a la arquitectura.


15 de Junio de 2010Leon Krier define la sostenibilidad
6 de Junio de 2010Introducción a la tratadística clásica (II): El Barroco
23 de Mayo de 2010Introducción a la tratadística clásica (I): El Renacimiento
23 de Abril de 2010Juliano el Apóstata y la Arquitectura Moderna
9 de Abril de 2010La casa tradicional en Bagdag

La desesperación y la indignación sacudieron a algunos arquitectos iraquíes mayores cuando observaban cómo las propuestas de modernización y rehabilitación de Bagdad, presentadas por arquitectos y promotores en el exilio, casi siempre localizados en los Emiratos Árabes, en el reciente congreso sobre preservación del patrimonio urbano iraquí que tuvo lugar en Bagdad, consistían en la sistemática destrucción de casas y barrios enteros, a menudo densas y compactas estructuras de barro o de ladrillo de dos plantas, dañadas o dejadas, pero restaurables, en favor de edificios mucho más altos y envueltos en baratos muros cortina azules eléctrico provenientes de China, -que también imperan en Barcelona, como se comprueba cerca de la plaza Cerdá-, a los que se recurre cuando se busca un “aspecto moderno” y no se quiere perder el tiempo componiendo fachadas.
El arquitecto iraquí Subhi Al-Azzawi, sin embargo, defendió brillantemente y con pasión un sistema tradicional de ventilación, usado hasta hace poco en Bagdad, y de gran eficacia, como se pudo comprobar durante la visita del Museo de Bagdad, instalado en una de las pocas casas tradicionales preservadas: el badgir, cuyo aplicación, ahora que los muros de vidrio sufren por fin el descrédito en favor de muros espesos, de gran inercia, capaces de regular la temperatura, podría no limitarse a la capital iraquí.El badgir es un sistema de captación de los frescos o más frescos vientos o brisas del norte. El muro perimetral de la fachada sur se compone de dos paramentos paralelos de ladrillos macizos. El más exterior se eleva y se corona con una “visera”, de manera que capta y retiene el aire del norte que se desliza por el espacio vacío entre los dos paramentos, de modo semejante a cómo funcionan las altas torres de aire iranís (llamadas también bagdir), tan presentes aún en ciudades como Yazd e incluso Isfahán.

En las estancias situadas al sur, a media altura, el vacío entre ambos paramentos conecta con unas hornacinas semejantes a chimeneas, abiertas a media altura en la pared sur de las estancias, en cuya repisa se dispone un búcaro lleno de agua fresca. La corriente descendente se humidifica, y logra que la temperatura de la estancia, que en el exterior alcanza en verano los cincuenta grados, baje unos doce grados.
Por otra parte, estas estancias (llamadas sirdab, nombre que se aplica también a salas enterámente subterráneas o sótanos, utilizados como estancias) están semi-enterradas. Se accede a ellas desde el patio central, descendiendo unos escalones. El suelo se sitúa unos cincuenta centímetros por debajo del nivel del suelo del resto de la planta baja. Es precisamente en estas estancias, refrescadas tanto por la humedad que asciende del suelo (el nivel freático en Bagdad está a ras del suelo) cuanto por los “canales” de ventilación, donde las familias pasan las horas más calurosas del estío, esperando subir a la terraza cuando el sol se pone.
Este doble sistema de ventilación y humidificación, reforzado por los gruesos muros de la ladrillo y la ausencia de ventanas hacia las callejuelas (la casa se abre hacia el patio), logra que los aparatos de aire acondicionado, incluso los ventiladores eléctricos, sean inútiles. Una solución denostada por quienes sueñan con la imagen de Dubai.
-o0o-o0o-o0o-o0o-o0o-o0o-o0o-o0o-o0o-
A pesar de los graves problemas por los que pasa el país, y los terribles atentados que sacuden la capital a diario, Bagdag sueña ya con la normalización de su vida civil y la reconstrucción urbana. Su latitud, cuatro grados más al Sur que Sevilla, hace que su clima pueda ser muy similar al de nuestros tórridos veranos y tal vez podríamos tomar como ejemplo de arquitectura verdaderamente sostenible su ingenioso sistema de ventilación. Con él se demuestra que la sostenibilidad puede aprovechar más de la tradición que de una tecnología que si bien puede resultar eficiente, sigue siendo contaminante a la hora de producir los componentes y aparatos necesarios para esa eficiencia.
Es muy acertada la reflexión del autor sobre la “influencia dubaití” en la reconstrucción de Irak y la falsa imagen de modernidad que se pretende dar con el vidrio y el acero, cliché casi centenario todavía recurrente; también es muy elocuente al decir que los muros de vidrio sufren por fin el descrédito en favor de muros espesos, algo a lo que han abogado desde siempre los arquitectos clasicistas como Quinlan Terry en Diseñando un futuro sostenible.
Por último no podemos menos que elogiar a los iraquíes por la defensa de su arquitectura vernácula y ojalá que tomáramos ejemplo del tesón de este pueblo que defiende y demuestra los verdaderos valores de la arquitectura sostenible.
7 de Abril de 2010Ceremonia de entrega del Premio Driehaus 2010




