7 de Julio de 2008La idea destruida (III de III).

Este artículo es continuación de La idea destruida (II de III): Totum revolutum.

El hastío institucional.

Uno de los mayores problemas de las ciudades es que están dirigidas por políticos y no por arquitectos, sociólogos y psicólogos.

Operaciones que afectan a la vida de miles y a veces millones de personas son tomadas sin tener en cuenta parámetros que a muchos nos parecen dolorosamente obvios.

Como ya se ha comentado antes parece que el factor económico es el único que rige hacia donde se dirige una ciudad” y cómo lo hace.
Sin embargo, ni siquiera este parámetro es aceptablemente bueno.

A mediados del siglo XX, el RAND estadounidense (Research and Development) tuvo necesidad de unas instalaciones propias en las que desarrollar sus investigaciones.
El edificio se diseñó para ser un hervidero de ideas en el que se potenciaran el mayor número de nodos de intercambio de información. Por hacer una aproximación burda, es lo más cerca que ha estado Internet de existir como realidad física. No es de extrañar que fuera allí donde nacería el germen de lo que muchos años más tarde sería Arpanet, la madre de la Internet actual.

Se ve pues como una arquitectura pensada para generar progreso es efectiva siempre y cuando los responsables de ella sean coherentes y se preocupen de que salga bien.

No hace falta remontarse tan atrás, el Museo de Arte Contemporáneo de Helsinki, el Kiasma, de Steven Holl, es otro ejemplo de cómo la arquitectura es capaz de crear ciudad sin ser un hito desde su nacimiento.
Pero para un planeamiento así hace falta el compromiso de muchas personas, de muchas instituciones y de demasiados elementos que, casi por definición, no están por la labor.

Es escandaloso el ejemplo del Palacio SISY/Y de Berlín, en la isla de los museos, un edificio que se ha llevado más tiempo cerrado que en uso desde su construcción a mediados del siglo XX. Y ha tenido que ser un estudio de arquitectura el que cree una empresa sin ánimo de lucro para gestionar el uso temporal del inmueble hasta que los responsables políticos se decidan a rehabilitarlo o a demolerlo y hacer un nuevo edificio.

Y no hace falta irse tan lejos. En Sevilla fue conocido el caso de la ciudad de la justicia diseñada por Rafael Moneo cerca de la estación de autobuses del Prado de San Sebastián y que por un cambio en el color de la alcaldía se paralizó, dejando a la ciudad con una obra que, independientemente de su calidad arquitectónica, hubiera mejorado mucho el funcionamiento de la ciudad.

¿Dónde quedaron las propuestas rompedoras de las ciudades jardín? ¿Dónde se fueron los creadores de ensanches?
Es evidente que estas formas de crecimiento no son válidas actualmente pero sí lo son las formas de pensar que dieron les dieron paso desde unas estructuras que en su momento consideraron obsoletas.

Y si ni siquiera estas pequeñas operaciones son factibles las veces necesarias no hablamos ya de operaciones de una escala tan tremenda que cambiarían la interfaz misma de la ciudad.
Los estudios de Gausa, Guallart, Koolhaas, F. de Luca y demás teóricos de la ciudad actual no hacen sino darnos motivos para avergonzarnos de los responsables que luchan más por salir en la fotografía poniendo la primera piedra que por haber mejorado el territorio que gobiernan.

2 respuestas a “La idea destruida (III de III).”

  1. Ireneel 8 de Julio de 2008 a las 23:53

    La verdad que los temas políticos son importantisímos a la hora de construir y poder llevar a cabo una obra. El otro respondía en un foro de derecho a una chica sobre temas de estos porque tenía dudas sobre la legalidad y los empedimentos que le estaban poniendo a la hora de construir su chalet en un pueblo de Malaga.

    jejeje Veo que os apañaís muy bien sin mi cosa que me alegra un monton.

    Un besaso y felicidades por el desenlace de tu maravillosa novela arquitectónica. Tu siempre tan brillante ;)

  2. pfunesel 11 de Julio de 2008 a las 15:06

    Definitivamente la en demasiadas ocasiones pesada burocracia estatal, regional o municipal sólo tiene en cuenta factores bastante alejados de las necesidades reales de la población. En todo caso se comprometen a soluciones a corto plazo que aseguren su permanencia en los cargos. Lejos quedaron los tiempos de las grandes operaciones a largo plazo para la mejora de las ciudades y sus infraestructuras.

    Resulta incomprensible como soluciones que afectan a la vida de miles de personas están en las manos de cargos rotatorios que sólo buscan, como bien dices, el beneficio inmediato.

    Un saludo

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