20 de Octubre de 2008La arquitectura en la crisis.
“El sentido común es el menos común de los sentidos.”
H. Greele
He dudado si titular al artículo como lo he hecho o como La arquitectura de la crisis, pero finalmente he decidido que este último parece que se refiere exclusivamente al tipo o modelo de arquitectura que hay que realizar cuando hay problemas.
La idea no es esa. En chino, la palabra crisis es sinónimo de la palabra oportunidad, algo que seguro ya habréis leído en alguna parte o lo habréis oído en algún capítulo de Los Simpsons.
Si bien puede que peque de ingenuo, quiero pensar que en todos los problemas hay una parte positiva que puede hacernos mejorar la realidad.
En el caso que nos ocupa, la arquitectura de los últimos años e incluso de las últimas décadas se ha caracterizado por el exceso y la vistosidad. En un momento en el que el dinero no era problema y la ostentación no era un lujo sino casi una obligación era hasta entendible (que no aceptable) que sucediera eso.
Pero eso se acabó. The party is over, que dicen los angloparlantes. Actualmente nos enfrentamos a una crisis social que sin ser alarmistas podríamos decir que es extremadamente grave y siéndolo que es la mayor de la historia.
Ante semejante panorama es absurdo pensar que la arquitectura se mantendrá indiferente, ya que no lo hizo ante los grandes acontecimientos de la historia, como las guerras o las mejoras económicas de ciertos lugares, léase Dubai.
Ahora bien, la cuestión es, si la arquitectura ha de amoldarse a esta nueva realidad, ¿porqué no aprovechar y conseguir lo que a duras penas hemos buscado en estos últimos tiempos?
Me refiero a una arquitectura del sentido común, ni más ni menos. Y no es pedir poco. Ahora que lo haremos por obligación, sería un gran momento para darnos cuenta de lo mucho que la arquitectura puede mejorar la vida de sus usuarios.
España ha sido el paradigma de la construcción desde hace décadas, pero es que en la última ha sido surrealista, con un crecimiento un 400% superior al necesario en el sector residencial y sin embargo el tejido industrial y empresarial había casos en los que se quedaba corto.
Por otra parte, la calidad de la construcción no siempre estaba a la altura de lo esperado y ni siquiera a la altura de los mínimos.
Estos años de frenesí constructor han hecho que muchos técnicos tuvieran excesiva prisa y poco cuidado en sus proyectos, tanto a nivel proyectual como constructivo, y es algo que hay que cambiar desde la base. La idea de que mientras más rápido genere proyectos más dinero se ganará es ya una falacia, por lo que deberíamos aprender a ser consecuentes con lo que de verdad es la arquitectura, pero no sólo durante las vacas flacas, sino también cuando el ciclo vuelva a subir, que lo hará tarde o temprano.
Por otra parte es ahora también una época en la que nos costará aún más, conseguir clientes, por lo que habrá que diferenciarse del resto, y eso no es siempre tan simple como bajar los precios, ya que frente a eso cualquiera puede competir, pero si creas un trato especializado en algún tema, o si haces las cosas de una forma particular puede que no sólo la crisis no sea un problema sino un medio para mejorar en tu profesión. Sea la que sea.

Yo más que de una crisis en la profesión hablaría de una estabilización de lo que sería el trabajo habitual del arquitecto. toda esta época de vacas gordas ha estado movida bien por los intereses de promotores que buscaban obtener el máximo beneficio, bien por los ensimismamientos de arquitectos que olvidaban que la construcción de edificios tiene un coste económico y ambiental que no siempre pueden ser justificados por unas formas sugerentes o unas infografías atractivas.
Y después de tantos años dedicados exclusivamente a recibir la parte del pastel de la promoción urbanística, o a mirarse el ombligo bsucando nuevas formas deconstruidas, toca volver a los antiguos derroteros de la profesión: clientes con rpesupuestos reducidos, ayuntamientos que piden proyectos discretos… La Arquitectura mediática y su flamante arquitecto deberán ir dando paso nuevamente a los arquitectos normales y corrientes de toda la vida, esos que empezaban haciendo chalets pequeños y reformas y con mucho esfuerzo lograban ganar algún concurso. Y a pesar de todo estaban orgullosos de su ejercicio profesional, cosa que hoy en día “escandaliza” a cualquier arquiguay que se precie.
Creo que hay que considerar el mercado y como avanzar en el haciendo marketing, entonces pensar en las ventajas competitivas para destacar y asi conseguir interès en lo que uno puede ofrecer.
No hay tal cosa como que todo sube para todos o todo baja para todos, eso es una ilusiòn. Sin duda muchos se veràn afectados ya qye se espera una profundizaciòn en 2009 y 2010, pero casas y edificios hay que seguir construyendo y modificando.