6 de Junio de 2009Lectura recomendada: Anti-Arquitectura y Deconstrucción

El Deconstructivismo es una corriente arquitectónica practicada por buena parte de los denominados “Starchitects” y con gran peso dentro del panorama arquitectónico actual. Sin embargo, muchas veces nos quedamos en sus atractivas formas y rara vez investigamos más allá e indagar en el por qué de las mismas o el origen último que movió a los arquitectos a adoptar esas formas hace más de veinte años.

Anti-Arquitectura y Deconstrucción es una vasta descripción bastane crítica de lo que supone este movimiento. El autor principal es Nikos Salingaros, con colaboraciones de Stevens Curl, James Kalb, Brian Hanson, Michael Mehaffy, Terry Mikiten, Hillel Schocken, y Lucien Steil.

El deconstructivismo surge durante los años 70 como una manifestación más de la posmodernidad. Estos primeros ejemplos partían de una interpretación bastante distorsionada de las corrientes filosóficas francesas de la década de 1960, sobre todo la obra de Derridá. De todas formas lo que actualmente se considera deconstructivismo, incluso las primeras manifestaciones ya consideradas como tales, no tienen ya influencia de estas filosofías, y su manera de actuar parte directamente de la deformación o “deconstrucción” de las formas puras de la modernidad hacia elementos más orgánicos.

Charles Jencks, que fue el primero en definir a la Posmodernidad como paradigma de la nueva arquitectura, no ha dudado en cambiar sus criterios y definir el deconstructivismo como este nuevo paradigma. para ello ha sido ayudado por el anciano Phillip Johnson, quien tampoco ha tenido reparo en fomentar la estandarización de esta corriente y su difusión por todo el mundo como una arquitectura cuyo único compromiso es un formalismo vagamente basado en evidencias científicas como los fractales o los microorganismos.

Por tanto, si nos atenemos a los textos de Johnson o Jencks el deconstructivismo es un estilo como lo fue el modernismo tipificado por el “Estilo internacional”. Se trata de la variante más comercial y visible del deconstructivismo y es la forma que tienen los jóvenes (y no tan jóvenes) arquitectos, de aproximarse a él. Sin embargo, esta visión de estilo deja muchos interrogantes acerca de lo que verdaderamente es el deconstructivismo ya que es de suponer que detrás de esas formas viscosas y alocadas hay una filosofía de diseño que puede ir más allá del manejo del formalismo.

Y si nos atenemos al Sr. Salingaros, el deconstructivismo constituye una variante más degenerada aún que la modernidad. Apoyado por la globalización y una superestructura de publicaciones que se autoalimenta de las obras que promociona, se está convirtiendo en una corriente que ahoga las tradiciones locales (incluso las creadas por la modernidad) y que en definitiva nos está legando un panorama arquitectónico amorfo, donde todos los principios de la arquitectura se supeditan al diseño exterior y a la formalidad impactante. No estamos ya en la modernidad agresiva que pretendía eliminar lo superfluo de la tradición, estamos ante un movimiento que incluso elimina lo que de necesario tenía la modernidad, que no era otra cosa que el funcionalismo, la higiene y un vago intento de eficiencia energética encaminado fundamentalmente a la búsqueda de espacios luminosos y diáfanos.

El deconstructivismo es un movimiento (ya que carece de los principios rectores de un estilo) que parte de la deformación de la realidad para crear otras realidades más acordes a los gustos del arquitecto. Precisamente por ser un movimiento, carece de un ejemplo único, y como movimiento que es, lleva muchos años evolucionando cada vez más hacia formas más amorfas. Si los primeros ejemplos eran sutiles juegos de deformación de las formas puras, muchas veces siguiendo un proceso riguroso y casi matemático, los de ahora son simplemente estética sin reflexión previa, una búsqueda de formas originales, llamativas en cualquier entorno, mostrando el más absoluto desprecio a la economía, eficiencia energética, integración con el ambiente y la tradición etc…

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Fuente: Departamento de Matemáticas de la Universidad de San Antonio de Texas.

3 respuestas a “Lectura recomendada: Anti-Arquitectura y Deconstrucción”

  1. martin humanel 11 de Junio de 2009 a las 23:10

    Me ha gustado lo que he leído, sobretodo creo que es una buena síntesis de todos estos conceptos por los que los jovenes estudiantes de arquitectura navegamos casi sin problemas y casí sin preguntarnos porque…tan dogmaticamente
    la arquitectura que pierde sus “por qué” (sus éticas) raramente puede poseer unos buenos “como” (sus estéticas), es algo simplificado pero desde mi punto de vista tiene mucho que ver con eso de lo que hablas.
    Yo me quedo con un buen hacer, con una arquitectura honesta que recoja las influencias del tejido en el cual se inserta, que constituya un contenedor habitable y cómodo y cuyas sutilezas residan precisamente en resolver con nuestros nuevos medios las viejas y universales necesidades, sin hacer mucho ruido, sin mucho objeto, sin querer destacar en exceso

    Un saludo, buen texto

  2. pfunesel 13 de Junio de 2009 a las 10:33

    Gracias por el comentario, Martín. Como bien indica, muchas veces proyectamos sin tener en cuenta el por qué de las formas que elegimos, teniendo como únicos justificantes la “idea feliz” (idea de proyecto), o una colección de imágenes que seleccionamos hasta que se amolden a lo que queremos hacer.

    Lamentablemente la arquitectura mediática de los últimos años ha perdido el norte. Saltó a la fama como un experimento cargado de reflexiones pero se ha convertido en una estética sin ética. Por eso es necesario conocer sus inicios y reflexionar si realmente nos sentimos identificados con esas formas.

    Las onduladas curvas y los agudos picos del deconstructivismo tenían en sus inicios una carga teórica muy pesada y fundamental para entenderlos. Achacar ese formalismo a la libertad de trazos le quita toda componente teórica y la convierte en una arquitectura vacía, un pastiche.

    Un saludo.

  3. martin humanel 18 de Junio de 2009 a las 8:36

    cierto est…
    andaba hoy leyendo un articulo de antonio miranda “la fiesta falsificada” en Astragalo, no se si conoces esa la revista de “cultura de la arquitectura y la ciudad”…seguro que si, aun así la recomiendo…

    “Que todo cambie para que todo siga igual, es el lema que parece haber aprendido el mundo festivo de las modas, y el show business, del escritor de Lampedussa. Los citados acontecimientos festivos, como casi todos los hechos de la moda, suelen ser calificados , entre los periodistas amarillos y críticos esteticistas,de originales. Esa “originalidad” es otro de los atributos de la quimera fantástica o romántica que nos impide acercarnos a una Realidad libre, poética y festiva. Porque la verdadera originalidad (radicalidad de lo nuevo) es precisamente lo más opuesto al monstruo arbitrario, novedoso, rancio y fastuoso del megakitsch al uso. La poética consiste en una nueva Realidad de la realidad. Lo original nada tiene que ver con los inventos superficiales, efectistas o sorprendentes, propios de las varietés. Lo original, por el contrario, es variación poetica, o explosivamente clara y radical. Lo original es aquello que mantiene sus raíces en sus propios y mejores orígenes, aquello que se nutre de su propia razón de ser, aquello que en la estructura del ser coincide con el sentido de la acción de ese mismo objeto verdadero…”

    seguro que le ves el filo…un saludo

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