19 de Octubre de 2009Teorías sobre la arquitectura esencial
En la Naturaleza los ritmos se definen por la aparición de opuestos: luz y oscuridad, sonido y silencio, si y no, frío y calor, vida y muerte, espiración, inspiración, reposo y movimiento, contracción y expansión, condensación y dispersión, retroceso y avance…desde sus manifestaciones más simples y universales, hasta las más complejas y particulares, en todo ser manifestado se expresará esta polaridad originaria.
Los caracteres chinos representativos de yin y yang aluden, respectivamente, al valle del norte como lugar sombreado y a la ladera del sur como lugar soleado, pero en dicha metáfora está implícita la unidad del paisaje como elemento esencial, y también está significado en ella la variación de intensidad de luz y sombra en el monte y en el valle durante el transcurrir del día.
Yin yang es una polaridad dinámica complementaria y armónica: la razón de la sombra la hallamos en la luz existente, y lo esencial de la luz es que disipa la oscuridad; de igual modo, retroceder es desandar lo avanzado o expandirse es abandonar un estado de contracción. El significado de cualquiera de ellos deviene de la relación con su opuesto complementario.
Diógenes Laercio (sobre 200 d. C.) cita el libro Sucesiones de Filósofos de Alejandro Polyhistor (sobre 100 aC). Según Diógenes, Alejandro tuvo acceso a un libro llamado La memoria pitagórica en su relato de cómo fue construida la cosmología pitagórica:
“El principio de todas las cosas es la mónada o unidad; de esta mónada nace la dualidad indefinida que sirve de sustrato material a la mónada, que es su causa; de la mónada y la dualidad indefinida surgen los números; de los números, puntos; de los puntos, líneas; de las líneas, figuras planas; de las figuras planas, cuerpos sólidos; de los cuerpos sólidos, cuerpos sensibles, cuyos componentes son cuatro: fuego, agua, tierra y aire; estos cuatro elementos se intercambian y se transforman totalmente el uno en el otro, combinándose para producir un universo animado, inteligente, esférico, con la tierra como su centro, y la tierra misma también es esférica y está habitada en su interior. También hay antípodas, y nuestro ‘abajo’ es su ‘arriba’.”
Es destacable la evolución que la sociedad ha ido teniendo a lo largo de los últimos tiempos en los que tenemos la necesidad de volver a sentirnos parte de la naturaleza, no ya simplemente para explotarla sino para disfrutar de ella.
El proyecto arquitectónico no debe ser más que el producto de haber escuchado lo que nos dicta la Naturaleza para un lugar especial que ha sido encontrado como si fuera el más preciado tesoro. Un lugar cargado de historia y de energía positiva, especial por su materialidad y orientación en una red magnética que hace posible para el que lo ha visitado sentirse parte de un Todo fluyendo en armonía.
El proyecto empieza a formarse también a partir de cierto interés por ahondar en las propias raíces del que proyecta. Es el regreso a nuestros orígenes lo que nos ayuda a comprender mejor nuestra naturaleza y la de todo cuanto nos rodea.
Proyectar es la búsqueda de una serie de riquezas locales que pueden ser aprovechadas para el disfrute de cualquier persona que quiera pararse y mirar.
Tan importante es el espacio que ordenamos como los muros que delimitan dicho espacio, sin lo material, lo inmaterial no existe. En la escala de ciudad, sin el interior, el exterior no existe. Tan importante es el uso de los espacios interiores como el de los exteriores, no existe una cosa sin la otra, pensar sólo en una de ellas es atentar contra la armonía y el equilibrio subyacente del Todo dinámico.
Arquitectura es Contraste Fluyendo.

Buena reflexión.
Yo añadiría que hay un tercer elemento, que surge de la unión de esa dualidad y que no tiene existencia propia sin ellas.
Es algo lioso y quizás erróneo, pero a veces me lo planteo…
Hay quien piensa que ese tercer elemento es la fuerza que consigue que todo fluya y que aporte unidad a esos dos elementos anteriormente comentados. Algunos lo llaman Dios, yo directamente no creo en ninguna religión, solo creo en la fuerza del Hombre, entendiendo esta palabra de forma global.
Se admiten teorías al respecto.
Un planteamiento muy interesante, si bien ese equilibrio no siempre, por no decir casi nunca, es posible. Y en nombre de un equilibrio interesado, que se disfraza de ese respeto a la naturaleza, el lugar y las preexistencias, se han cometido las mayores aberraciones contra la naturaleza, la sociedad y el patrimonio. Los ejemplos son incontables y no acabaríamos de citar esa ingente cantidad de proyectos donde los términos “respeto” e “integración” tienen una irónica ausencia a pesar de su reiterada aparición en memorias y paneles explicativos.
Por otro lado, indicas bien que la sociedad en general y un amplio sector de arquitectos en particular, cada vez más desencantados con las extravagancias de los “starchitects”, se dan cuenta que nuestro progreso deberá ir de la mano del mínimo impacto y la máxima integración en las realidades espaciales y sociales en las que no toque trabajar. Sin embargo, nada es nuevo bajo el sol y debemos volver la vista atrás y recoger la experiencia de las arquitecturas vernáculas para encontrar realmente las esencias de la arquitectura, olvidando de una vez los anquilosados esquemas “deux ex machina” modernos.
Un saludo.
El uso del contraste es uno de los recursos compositivos más elementales, tanto en arquitectura como en el resto de las artes. Y a la vez puede producir una gama de resultados amplísima, gracias a su sólida capacidad expresiva. No es casual que en fotografía artística se prefiera por lo general el uso del blanco y negro, por ejemplo.
Pero yo no lo llevaría mucho más allá. Siempre he pensado que dar el salto de la dualidad al dualismo es un peligro. Cuando todo se formula en clave dialéctica, pueden aparecernos contradicciones como la armonía entre armonía y caos, o entre bien y mal. Ciertos valores como la armonía, el bien, la verdad, la belleza, están fuera de ese dualismo.
Es más, yo creo que existe una verdad objetiva e irrefutable que no es otra que la belleza albertiana. Toda la arquitectura, toda la naturaleza y la creación humana fluye hacia ella.
Son muy enriquecedores vuestros comentarios, muchas gracias.
Siguiendo con el tema, pfunes, me gustaría saber algo más sobre esa belleza albertiana, esa verdad objetiva que comentas.
Leon Bautista Adberti define, en el libro VI de su tratado “De re Aedifcatoria”, el concepto de belleza como una armonía entre las partes del todo que conforma la obra de arte natural o humana, en contraposición al ornamento que sería lo accesorio y superfluo a las anteriores. A partir de esa idea, recuperada de la Antigüedad, la belleza pasa a convertirse en una categoría absoluta y será bello todo lo que guarde una equilibrada proporción entre sus partes. La arquitectura clásica, por fundamentarse en la proporción y en las referencias reales y empíricas a la escala humana, es el paradigma de esta belleza universal, como demuestra su triunfo y presencia en todo el mundo.
No es posible revertir ni relativizar esta belleza puesto que la armonía y las matemáticas que la fundamentan son objetivas. Lo que se salga de esta categoróa universal no será belleza sino ornamento. Y el ornamento si puede ser relativo puesto que, siempre en el sentido albertiano, es accesorio.
Un saludo.